El proceso de reconstrucción del sistema médico Mapuche en Puelmapu: entrevista a Verónica Azpiroz

La provincia del Neuquén es la confluencia de culturas, saberes, tradiciones y diversidad geográfica. En nuestra Constitución (reformada en el año 2006) se reconoce la diversidad cultural y étnica (Art. 105). Asimismo, se habla de interculturalidad (Art. 107), y de “la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas neuquinos como parte de la identidad e idiosincrasia provincial; garantizando el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural (Art. 53)”.Para interiorizarnos sobre las diversas maneras de concebir la salud de las personas, sus dimensiones y sus formas de atención, dialogamos con Verónica Azpiroz Cleñan –politóloga e integrante de la comunidad mapuche Epu Laufquen de Los Toldos, provincia de Buenos Aires– en la III Convención de Agentes Sanitarios en Villa La Angostura (octubre 2016), donde ella disertó sobre el proceso de reconstrucción del sistema médico mapuche en el Pwel- mapu (tierra al oriente): saber y poder.

Vos contabas que te reencontraste con tus raíces, ¿fue ahí cuando surgió tu interés por investigar y estudiar sobre la medicina tradicional y ancestral?

Si, primero porque mi familia es mapuche y el ejercicio del equilibrio de la salud o el restablecimiento de la salud se vivió siempre en mi familia. Y después, a partir de mi embarazo empecé a averiguar quién era la partera mapuche que me podía acompañar en el parto, y vi que en la zona mía ya no había. Así que empecé a preguntar bastante; acá en Neuquén también busque quien me podía acompañar y tampoco encontré. Y creo que ahí me hizo el clic de darme cuenta de todos los roles que se estaban perdiendo de la medicina mapuche y de la desvalorización de ese saber antiguo, ancestral. Observe que no se teoriza o no se registra para poder comunicar, para dialogar con el estado o con otros colectivos culturales que no conocen la cultura. Entonces ahí empiezo a indagar, hablo desde una auto etnografía como una forma de no situarme fuera del objeto de estudio, sino ser parte del sujeto de estudio, yo soy parte de ese proceso de investigación.

A grandes rasgos ¿cuáles son las principales diferencias entre la concepción mapuche de la salud y la biomedicina tradicional?

Una de las grandes diferencias entre el modelo de salud occidental biomédico y la medicina indígena es que durante el proceso de recuperación de la enfermedad, la medicina occidental plantea un proceso individual en el que delega la curación a otra persona, que puede o no ser de la familia, y en el que el ejercicio de poder del médico impide la elección de la terapia. La medicina curativa o biomédica se enfoca en los síntomas que padece. Entonces los trata y los cura como si fuera una persona sin espíritu, psicología o historia.En cambio en la medicina tradicional mapuche, primero hay un diagnóstico sobre el origen de la enfermedad, se analiza la vida familiar y la comunitaria. Luego se establece si esa enfermedad tiene que ver con un desequilibrio propio de la persona o fue una enfermedad pensada por otros para generar algún mal. La cultura mapuche diferencia tres orígenes de la enfermedad: la trasgresión individual, la comunitaria / familiar y la del espacio territorial.

¿Vos, trabajaste en el Sistema Público de Salud?

Trabajé 9 años en el ministerio de Salud de Nación, intentando construir un programa de medicina tradicional indígena, con diálogos muy asistemáticos y muy frustrantes por decirlo de cierto modo con la OPS (Organización Panamericana de la Salud). Nosotros queríamos elaborar un documento sobre la posición que tenía el estado argentino respecto a la medicina tradicional de los pueblos originarios y que las Universidades dieran su posición para tener un marco legal, teórico y político; y a partir de eso construir los andamiajes burocráticos o administrativos que pudieran sostener esa posición.Que decirte… muchas trabas al principio y el último tiempo estuvo mucho mejor porque logramos armar un estudio de investigación sobre el buen vivir en el pueblo Qom en Marcos Paz en la cuenca de la Matanza – Riachuelo. Fue un gran desafío porque no era mi pueblo y hablaba otra lengua y entonces había que construir el método para entendernos y hacer la investigación, ver su manera de pensar la salud, la manera de acceder al centro de atención primaria de la salud; y también darme cuenta que ese ideal que nosotros tenemos de los pueblos originarios que viven en el monte o en la cordillera ya no existe. La mayoría del pueblo mapuche tiene mucha presencia en las ciudades, hubo una gran migración a la ciudad. Esto genera nuevos problemas de salud más complejos y también un desafío de la medicina mapuche de pensar cómo resolver esos problemas, esos padecimientos, esos malestares, porque ya no alcanza con lo que uno traía incorporado.

Ante este panorama, donde confluyen diversas creencias y saberes, se plantea que la atención sea complementaria, no exclusiva una u otra (biomedicina / ancestral). ¿Consideras que con el crecimiento de la comunidad la sabiduría ancestral se está perdiendo?

En principio creo que hay un problema generacional que se traduce en lograr hablar la lengua. El habla es el vehículo natural de trasmisión de conocimiento. Y la otra, es establecer la confianza de los mayores sobre los jóvenes o sobre los adultos. Esto es así porque hubo un quiebre de confianza, un mal uso de ese traspaso de conocimiento, y también hubo una apropiación de las patentes, biopiratería del uso por parte del chamanismo de prácticas indígenas.

Entonces ¿cómo podemos recuperar esos conocimientos?

Primero, me parece que es importante poder comunicarnos en la lengua del que porta el conocimiento. La otra, es restablecer la confianza, eso se establece a través de un vínculo interpersonal. Y sobre todo creo que hay un gran desafío en los dirigentes políticos nuevos de pensar la política como complementariedad y no como competencia de poder.

La sociedad reconoce que existen distintas medicinas, pero a muchas no se las reconoce porque no están legitimadas o establecidas, y siguen confiando en lo que conocen y tiene aval. ¿Vos crees que al profesional de la Salud le cuesta incorporar personas que trabajen con otro tipo de medicina?

La Universidad Argentina ha formado médicos en un modelo hegemónico de concentración del poder, algunos autores hablan que ocupa el lugar entre el cura y el juez, y ese poder de control del cuerpo social, del cuerpo humano, no todos están dispuestos a ceder parte de ese poder. Entonces es complicado plantar la simetría o igualdad de condiciones de poder sanar, porque hay una cuestión de estatus, de prestigio, de cuestión económica y comercial. Yo creo que la sociedad es la que legitima ese poder.

Cuando hablamos de la confluencia de la medicina tradicional y la ancestral, ¿hablamos de  interculturalidad?

Eso no se llama intercultural, esa confluencia es un mecanismo de pertinencia cultural de un servicio de salud. Es un mecanismo de adecuación de un servicio -que es la biomedicina- con pertinencia cultural al territorio donde están. Es el poder ampliar la cobertura de intervención que tiene la biomedicina. De este lado argentino tenemos un problema estructural dentro de la medicina mapuche y es que no está el rol de machi.

Ya finalizando tu maestría, has viajado bastante y has observado que existe este sistema de medicinas complementarias. ¿Argentina está muy lejos de poder implementar la medicina complementaria?

En la zona mapuche creo que sí. Para mi va a ser complicado porque falta el proceso de empoderamiento de las comunidades. Para mi gusto hubo mucho intervencionismo estatal, y no logro pararse. Ojo que no estoy puesta en Aluminé porque desconozco el último proceso que han hecho. En general falta pararse, decir éstos son nuestros curadores, éstos son los sanadores, éstos son nuestros machis y a partir de eso detectar la necesidad y pensar cómo el estado puede colaborar con esto.

Acá en nuestra provincia se está dando construyendo un centro de salud donde van a confluir ambas medicinas, y para poder relacionarse e intercambiar saberes se está dictado un curso de interculturalidad. ¿Esto significa dar un paso más en la conformación de este hospital?

Es muy bueno lo que desean hacer. Creo que hubo un gran desconocimiento al comienzo, una buena intensión, y ahora hay que repuntarla. Dentro de Latinoamérica hay muchas  experiencias de incorporación de la medicina tradicional indígena en el sistema público de salud, y no se denominan hospital intercultural. Porque para decir que el centro es intercultural, es necesario que el 50% del recurso humano que trabaja o va a trabajar en el centro hable su lengua –que es mapuche– y que además, sea parte de la biomedicina o de la otra medicina. Se tiene que lograr en poco tiempo poner mucho esfuerzo a la capacitación, en la formación, en los debates y tenés que pensar que son procesos humanos y que las cosas no son lineales, y en donde van a encontrar conflictos de interés y diversidad de opiniones.

Entrevista realizada por Andrea Cassolini

Fuente: http://www.mapuexpress.org/?p=16686

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