La brutal ejecución de Apiaguaiqui Tumpa

La matanza de Kuruyuki.- A las 8 de la mañana del 28 de enero de 1892, inició la Matanza de Kuruyuki. Tanto hombres como mujeres chiriguanas lucharon y murieron sin miedo ante el fusil karai, más al contrario, lanzaban gritos, insultos y amenazas contra sus enemigos. Agazapados en las zanjas, escondidos en la maraña, los guerreros del Tumpa mostraban su valor y trataban de contener la arremetida karai, disparando flechas; mientras que los cuernos de guerra y las tamboras no dejaban de sonar. Los heridos se levantaban ayudados por sus macanas y disparaban flechas. Los cadáveres se apilaban en las trincheras y encima de ellos los querembas se defendían (Sanabria, 2008: 182-184).

Fue una matanza, un fusilamiento en masa, para la vergüenza del Ejército de Bolivia. Los soldados y milicianos del gobierno, disparaban a quemarropa, ya que sabían que del otro lado no les llegaría un solo disparo y aunque intentaron penetrar dos veces las trincheras chiriguanas, no tuvieron éxito en ninguna (Sanabria, 2008: 185-186; Combes, 2005: 29).

Pero los del ejército eran más fuertes en cuanto a armamento, por lo que la muerte a balas terminó a las cuatro de la tarde del mismo día, porque ya se había acabado la munición karai. El ejército tuvo 4 muertos y 35 heridos, mientras que del lado chiriguano hubo más de 1500 muertos y otros 1000 heridos. Luego de esto, todos los heridos y sobrevivientes fueron pasados a degüello y las trincheras para la defensa de Kuruyuki sirvieron de fosa común de los más de 2500 indígenas asesinados.

El coronel Frías -hombre de confianza del entonces presidente Aniceto Arce- ordenó incendiar Kuruyuki e inmediatamente después se inició la persecución de los sobrevivientes, condenándolos a morir degollados (Roca, 2001: 548). Mientras tanto, las mujeres y niños cautivos fueron distribuidos como esclavos entre los vencedores y hacendados de la región, guardando silencio por casi ochenta años.

Muerte de Apiaguaiqui Tumpa y sus consecuencias

Luego de la matanza de Kuruyuki, se dio inicio a la persecución y captura de los líderes del levantamiento y de todos los indígenas sospechosos de participar en el mismo. Se produjo el asesinato de 22 heridos encontrados en Aguarague junto 70 yuntas indígenas y otros 20 encontrados en camino, quienes fueron pasados a degüello. En Chimbé, se mataron más de doscientos indios, se apresaron más de 250 indios y se tomaron más de 100 familias cautivas. Pero no solo consistió en muerte y captura de chiriguanos, sino que se confiscaron sus bienes y se los dieron a los blancos que reclamaban resarcimiento, o a los soldados y voluntarios que fueron premiados de esta manera por su intervención en la matanza. El botín más apreciado por el ejército era el ganado, por lo que en las vaquerías chiriguanas no quedó una sola cabeza de ganado vacuno, lanar o cabrío, ni siquiera gallinas. Los chiriguanos que lograron escapar fueron cazados como alimañas en las serranías y quebradas vecinas a Santa Rosa (Roca, 2001:549-550).

Dos semanas después de la batalla, Guiracota II, quien había sobrevivido, pidió clemencia para el Tumpa Apiaguaiqui y para otros jefes mburubichás, a cambio de que ellos se entregaran voluntariamente; el coronel Frías y el coronel Melchor Chavarría aceptaron el pedido. Pero una vez que Guiracota II, Ayemotí y otros jefes guaraníes se entregaron, los fusilaron el 18 de febrero. Casi al mismo tiempo, cien guerreros y los jefes Nambí, Jaguarikú y Bocarapé se entregaron en el cuartel de Santa Rosa y corrieron la misma suerte de los anteriores, sólo que estos últimos fueron linchados y degollados delante de sus hijos y esposas en la plaza del pueblo. Unos pocos prisioneros fueron llevados en situación de esclavitud a los siringales del norte, pero nunca se supo qué fue de ellos (Gamarra, 1995: 252; Roca, 2001:296).

Hasta el 27 de febrero, El coronel Chavarría, en su búsqueda del Tumpa continuó fusilando o degollando a unos 2000 querembas prófugos e hizo prisioneros a más de 1200 indígenas. Cientos de chiriguanos -incluyendo mujeres y niños lactantes- fueron destinados a las diferentes misiones del Chaco, o repartidos como peones a los hacendados de la zona, cerca de 400 cautivos fueron llevados a Sucre bajo la vigilancia de Eneas Oroza y otros 200 fueron repartidos en lagunillas, de estos muchos fueron a Santa Cruz (Roca, 2001: 550). Pero en Los Sauces (actual Monteagudo), Chavarría fue ayudado por Guareray, quien conocía el lugar donde se escondía el Tumpa y lo delató (Sanabria, 2008: 197). La captura del gran líder chiriguano se dio el 13 de febrero de 1892 (Roca, 2001: 550).

El 21 de marzo se da la noticia del apresamiento del Tumpa Apiaguaiqui, mientras que el 29 de marzo de 1892 fue llevado a la plaza de Los Sauces -actual Monteagudo- ante la vista de toda la población; se lo condenó a morir por empalamiento y colgado. Primero fue torturado en la celda, luego, a las 5 de la tarde lo llevaron por las calles, recibiendo el insulto de los pobladores; caminaba apenas y luego lo ataron a un poste para azotarlo públicamente. Posteriormente lo obligaron a sentarse en una estaca para atravesarlo por el ano y una vez moribundo, fue colgado y murió por ahorcamiento, siendo su cuerpo exhibido hasta la noche del día siguiente (Sanabria, 2008: 214-218).

El exterminio y la opresión del pueblo chiriguano iniciados con la invasión española a su tierra y territorio, alcanzó su punto máximo con la matanza de 1891-1892, la subsiguiente esclavización de los chiriguanos en los establecimientos agrícolas y ganaderos de la sociedad nacional criollo-mestiza, como también su empleo como trabajador no pagado, mal pagado o sobreexplotado en las haciendas chaqueñas, plantaciones y zafra, se realizaron después de este último levantamiento de los indígenas del chaco boliviano, que perseguía principalmente la recuperación de su independencia (Riester, 1976: 38).

Fuente: www.revistasbolivianas.org.bo

Anuncios