La sombra del suicidio de indígenas en el Vaupés

Un documental colombiano retrata un aspecto dramático de la juventud indígena en el departamento del Vaupés, una de las regiones más pobres y olvidadas del país. Después de un exitoso 2015, con presentaciones en festivales de cine en Europa, México y Cuba, se estrenará próximamente en Colombia La Selva Inflada. Entrevistamos a su director, Alejandro Naranjo.

Por Andrés J. López / @vicclon

Un drama atormenta a las tribus indígenas del Vaupés desde hace más de una década. Jóvenes entre los 14 y los 25 años han optado por quitarse la vida al verse inmersos en un entorno diferente al de su cultura, y con dificultades para encontrar empleo o seguir estudiando.

En el informe de 2013 de Medicina Legal sobre suicidios en Colombia ni siquiera se nombra al deparamento de Vaupés. Mientras el documento indica que la tasa más alta se registra en Amazonas, con 6,7 muertes por cada 100 mil habitantes, el índice en el Vaupés era hasta ese momento de entre 38 y 40.

La Selva Inflada, una producción colombo española, quiere mostrarle al país la situación de los indígenas en esta parte del país, de la cual poco se sabe. La realidad es que el Gobierno y los comerciantes se han apoderado del Vaupés, cambiándolo por completo y presionando a sus aborígenes para que se adapten a la cultura del “hombre blanco”.

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Alejandro Naranjo, director de La Selva Inflada

¿Cómo surge la idea de hacer esta película?

Todo nace en agosto del 2009, cuando leo una nota en El Tiempo que hablaba sobre el suicidio de 24 indígenas. El Vaupés es como una mancha en el mapa, ni en el colegio nos hablan sobre este departamento. Dos años después ya tenía la primera versión del proyecto y ahí comencé a recaudar los fondos. En total este documental costó 300 millones de pesos.

“Después de la toma guerrillera en Mitú, en 1999, el gobierno se mete con fuerza a Vaupés. Llegan muchos paisas con su comercio y los indígenas se segregan”

¿En qué momento se empieza a presentar esta ola de suicidios?

Yo creo que eso viene desde el 2004 o 2005. Después de la toma guerrillera en Mitú, en 1999, el gobierno se mete con fuerza a esta parte del país; se empiezan a construir batallones del ejército, la policía y bunkers. Con esto llegan muchos paisas con su comercio y de alguna manera se convierten en colonos y los indígenas se segregan. Hace más de 12 años no había registros de suicidios en Vaupés.

Y académicamente también se ve esa segregación.

Entre el monte y el internado donde ellos estudiaban hay una brecha académica muy grande. El currículo de estas instituciones, como las de todo el país, se hace en Bogotá, sin pensar en el contexto de los indígenas. Esta diferencia académica, sumándole lo parcos que pueden ser los indígenas, hace que se aíslen más y compartan solo entre ellos.

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Ellos se quejan del saqueo de rocas en los lugares sagrados. ¿Por qué lo hacen?

Básicamente por necesidad. Afuera de Mitú hay canteras que están siendo despedazadas para construir casas, andenes, etc. La pobreza los obliga a ellos a picar piedra, aunque también hacen mandados o lavan motos. Sus familias no son capitalistas, por eso les queda muy difícil enviarles dinero. El internado les da el estudio y la comida, pero también necesitan dinero para sus cosas personales, sus salidas o su cerveza.

¿Por qué hacer el documental solo con hombres?

Al inicio tenía un espectro muy grande y lo iba a hacer tanto con hombres como con mujeres. Pero en su cultura no está bien visto que una mujer ande con un hombre, además se espantaban cada vez que llegábamos. Jamás pudimos hablar con ellas. Sin embargo en ellas también se presenta la problemática y se suicidan, en menor número que los hombres, pero lo hacen.

“En la mayoría de casos se ahorcaban; los que prestaban servicio militar se disparaban, y otros se intoxicaban con semillas”

¿Ellas se prostituyen?

Tristemente, sí. Ellas encajan más fácilmente y esto les ayuda a conseguir empleo; así como hay empleadas del servicio o meseras, también hay prostitutas. El núcleo de militares y policías fomenta la prostitución y por eso ellas ven que un uniforme las puede sacar de su condición.

Esto para los hombres indígenas también representaba un gran problema y les dolía. Ya ni siquiera eran capaces de levantarse a una mujer de su comunidad.

¿Es verdad que casi todos optaban por ahorcarse?

La gran mayoría de veces. Ellos no son personas de armas y cuando vas a la casa de un indígena, en todas hay una hamaca. Pero otros, por ejemplo los que prestaban el servicio militar, se disparaban. Otros se intoxicaban con semillas.

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¿Cuál fue el momento que más lo impactó durante la grabación del documental?

Más que durante la grabación fue en la investigación. Hablé con una fiscal y un día me mostró los libros. El mayor impacto fue ver fotos de jóvenes y niños ahorcados, incluso a los siete años se suicidan; es escalofriante ver esas imàgenes.

Esa fue una de las razones por las que decidí hacer el documental de esta manera, sin ese tipo de escenas. Los gringos, por ejemplo, son felices con ese morbo que, tras de que no es elegante ni decente con ellos y sus familias, no le aporta nada a la historia.

¿Todos los protagonistas de La Selva Inflada siguen con vida?

Todos están vivos, eso sí sin plata y sin opciones de estudiar. Uno está prestando el servicio militar; otro continúa con su comunidad; el que estaba en el ejército fue el que más hizo y después entró a estudiar al Sena y se fue a Casanare. El que sí quiso continuar con su carrera no pudo; intentó conseguir una beca pero todos los papeleos en Mitú son costosos, ahora está en una mina.

Fuente: http://www.cartelurbano.com/arte/la-sombra-del-suicidio-de-indigenas-en-el-vaupes

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