La dulce venganza maya contra Monsanto

Carlos Ángel Arrieta

El escándalo mariguanesco opacó una noticia de mucha mayor importancia dada su inmediatez y efectos políticos colaterales: el “siempre no” que le aplicó la Suprema Corte de Justicia en México a la empresa multinacional estadounidense Monsanto y también al gobierno de Enrique Peña Nieto por una omisión, acostumbrada, de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, que se pasó por el arco del triunfo a los apicultores mayas y le permitió a Monsanto echar raíces al sureste de México.

Tres años tardaron los indígenas mayas en lograr que la justicia volviera la vista a su caso y en cosa de horas, la segunda sala de la cabeza del Poder Judicial mexicano determinó anular el permiso que se le concedió en el 2012 a la empresa productora de agroquímicos, el alma máter de los odiados maíces transgénicos.

Y para darle el revés a Monsanto, el máximo tribunal de justicia en México ofreció como argumento que el permiso que en su momento se le concedió a la multinacional por parte del gobierno federal vía Sagarpa, no había tomado en cuenta el sentir de las comunidades indígenas que resultaron afectadas por el inicio de operaciones de la empresa.

La producción de soya transgénica (genéticamente modificada), que le permitió la dirección general de Sanidad Vegetal del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) de México a la odiada Monsanto, deberá ser suspendida y, además, antes de pensar en reiniciar labores, tendrán primero que llevar a cabo una consulta a las comunidades indígenas de la península de Yucatán, Chiapas y la planicie huasteca.

El gran problema no es en si la soya funciona así, sino sus efectos en las colmenas de la abeja melipona, que carece de aguijón y que produce una de las mieles más preciadas en la región y en todo el país.

La lógica de los indígenas mayas es simple: Monsanto produce cultivos transgénicos, modificados genéticamente y sus efectos alcanzan a la abeja melipona y por tanto a la producción de miel, una actividad histórica entre ellos, milenaria, que hoy, a causa de la multinacional, se encuentra en riesgo, porque además, se ignoran los efectos colaterales.

Tres años y meses de lucha en tribunales, de amparos, de demandas en lo público y en lo primado, hasta que los ministros escucharon y ordenaron a su vez a las autoridades mexicanas que ellos también abran los oídos y escuchen; que escuchen a las comunidades mayas, que recuerden lo que dicta la Constitución y que vuelvan a leer los tratados internacionales firmados por México.

Monsanto deberá dejar de sembrar casi 254 mil hectáreas en cinco polígonos ubicados en la península de Yucatán, Chiapas y la planicie huasteca, cuyos permisos fueron otorgados el 11 de mayo de 2012, de acuerdo a recorte periodísticos.

Seguramente la millonaria empresa impugnará las decisiones de los jueces; seguro que tienen todo el dinero para tratar de tirar el amparo que lograron los apicultores del sur; pero si el gobierno mexicano es inteligente, lo pensará dos veces antes de ceder nuevamente y tan fácilmente los trozos de tierra de la abeja melipona y de los indígenas mayas a las manos malditas de Monsanto.

Fuente: http://www.siempre.com.mx/2015/11/la-dulce-venganza-maya-contra-monsanto/

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