Declaración: Ayahuasca en un mundo globalizado (Ibiza 2014)

En Septiembre de 2014, alrededor de 650 personas, procedentes de más de 60 países diferentes, asistieron a la Conferencia Mundial de la Ayahuasca celebrada en Santa Eulària des Riu, Ibiza, España. En esta Conferencia, un grupo compuesto por 40 expertos en ciencia, leyes y políticas públicas se reunieron para debatir cómo la utilización de la ayahuasca puede ser mejor entendida, respetada y protegida en el siglo XXI, en un contexto de creciente interés hacia las prácticas relacionadas con esta decocción amazónica. Durante la Conferencia se constituyó el Comité de Expertos para la Regularización de los Etnobotánicos Psicoactivos. El presente documento recoge el consenso alcanzado por este grupo: un llamamiento a los gobiernos para avanzar hacia la creación de un marco legal constructivo, y basado en los derechos humanos, para el uso de la ayahuasca.

Todo ser humano debería ser libre para elegir las formas y herramientas dirigidas a facilitar su crecimiento personal, para superar la enfermedad tanto física como mental y para nutrir sus lazos sociales y familiares, así como para cultivar su desarrollo espiritual. Por otra parte, en un momento en que buena parte de la humanidad está sufriendo una crisis de valores como consecuencia de la pérdida de referentes, es vital que a través del diálogo intercultural y de la implementación de políticas integrales se promueva una existencia sostenible para nuestra especie, abrazando nuestra diversidad en un mundo con sociedades interconectadas y en armonía con el entorno ecológico. Es intrínseco a la evolución de la condición humana el buscar nuevos métodos, y mejorar los que ya tenemos disponibles, para alcanzar estos objetivos de manera eficiente.

Lamentablemente, esto parece no aplicarse a determinadas herramientas de origen etnobotánico, utilizadas durante siglos por las sociedades indígenas y premodernas en prácticas ceremoniales, y transmitidas oralmente de generación en generación. Una de ellas, la ayahuasca (una decocción elaborada con los tallos de la liana Banisteriopsis caapi y las hojas del arbusto Psychotria viridis), ha jugado un papel esencial en las tradiciones espirituales, médicas y culturales de los pueblos que han habitado la cuenca del Amazonas. En las últimas décadas, diversas tradiciones y nuevas modalidades de uso de la ayahuasca han emergido más allá de las fronteras de la Amazonia, emprendiendo nuevas vías de simbiosis multicultural.

Durante siglos, las sociedades industrializadas han sido, por lo general, represivas e intolerantes hacia las plantas con propiedades psicoactivas, interpretando erróneamente su uso como diabólico, destructivo y adictivo. Sin embargo, la evidencia científica reciente, tanto biomédica como psicosocial, muestra que este prejuicio cultural tan asentado es erróneo, y que plantas como la ayahuasca están ganando un mayor reconocimiento por su potencial papel en los procesos psicoterapéuticos, de crecimiento espiritual y en la mejora de las relaciones interpersonales.1

Las diversas prácticas de consumo de ayahuasca no encajan en las conceptualizaciones tradicionales ni en las categorizaciones de “drogas ilegales de abuso”, de acuerdo con los parámetros del régimen internacional de control internacional vigente. La equiparación de los usos rituales, religiosos y terapéuticos de la ayahuasca con los usos problemáticos de drogas fiscalizadas como los opiáceos, la cocaína o las anfetaminas -así como tratar a las personas que conducen ceremonias de ayahuasca como “narcotraficantes” que participan de los mercados ilegales- refleja un profundo desconocimiento, no se basa en la evidencia y contribuye a la confusión acerca de la legitimidad, basada en los derechos humanos, de estas prácticas.2

Asimismo, la evidencia científica demuestra que la ayahuasca no da lugar a patrones de uso crónico y problemático (incluyendo la adicción), que su utilización no genera tolerancia farmacológica y que tiene un perfil de seguridad tanto fisiológica como psicológica aceptable dentro de contextos controlados.3 Además, sus efectos eméticos -tradicionalmente considerados un aspecto crucial de sus propiedades espirituales y curativas-, junto con la profunda experiencia introspectiva que frecuentemente induce, tienen por lo general un impacto positivo sobre la salud y el comportamiento de las personas que utilizan la ayahuasca regularmente.

Para una parte significativa y creciente de la población en diversas partes del mundo, el consumo de ayahuasca es la forma elegida para facilitar el desarrollo espiritual y personal, superar el sufrimiento y profundizar en su relación consigo mismos, con sus familias, su entorno social y con su ecosistema. Sin embargo, para muchos organismos de control de drogas, como la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), así como para muchos cuerpos de seguridad, fiscales y jueces de diferentes países, beber ayahuasca es con frecuencia erróneamente considerado como una nueva forma de “colocarse”, una práctica espiritual poco auténtica, una adicción destructiva y una amenaza para la salud pública y el orden moral que requiere medidas represivas.

En 2010, la JIFE afirmó que “ninguna planta o decocción que contenga DMT, incluyendo la ayahuasca, se encuentra actualmente bajo control internacional”. No obstante, la Junta añadió que “algunos países podrían decidir aplicar medidas de control para el uso y el comercio de la ayahuasca, debido a los graves riesgos para la salud que el uso de este preparado conlleva”.4 Coincidiendo con la alarma política generada por la JIFE en relación con la ayahuasca y otras plantas psicoactivas en sus Informes Anuales de 2010 y 20125, y siguiendo una tendencia que comenzó a mediados de la década de 1990, se han llevado a cabo una serie de detenciones en toda Europa y en otras partes del mundo, que dan muestra de la intolerancia a la que están expuestas las prácticas rituales con ayahuasca. Por lo tanto, parece realista afirmar que una prohibición de la ayahuasca a nivel nacional (en los diferentes Estados), o incluso a nivel internacional, es una posibilidad factible en un futuro cercano.6

Nuestro grupo de Expertos ha seguido de cerca los casos legales y judiciales que han afectado a muchas de las diferentes comunidades que utilizan la ayahuasca, siendo testigos de cuán trágica y dañina puede ser esta opresión para sus integrantes.

Por consiguiente, pedimos a los gobiernos, a los legisladores, fiscales, jueces y funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que tengan en cuenta el valor tradicional y cultural de las prácticas de consumo de ayahuasca en todo el mundo, y que basen sus políticas y decisiones en la evidencia científica descrita anteriormente y en los derechos humanos.

Pedimos que se ponga fin a esta persecución legal y que, en su lugar, los gobiernos colaboren con los representantes de las comunidades en las que es utilizada la ayahuasca, facilitando modelos de autorregulación eficientes, la promoción de la salud y la reducción de daños, así como iniciativas educativas públicas. Pedimos a los jueces de los procedimientos relacionadas con la ayahuasca que tomen en cuenta la declaración de la JIFE sobre el estatus legal de la ayahuasca: En este caso el DMT contenido en la decocción ayahuasca tiene lugar en su forma natural y, por lo tanto, de acuerdo con la interpretación oficial del Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971, no está sometido a control internacional.7

Es igualmente importante tomar en consideración que los beneficios potenciales de plantas como la ayahuasca pueden ponerse en riesgo si no se utilizan de manera responsable. Recordamos a las personas que toman ayahuasca, y especialmente a quienes dirigen ceremonias, que asuman la responsabilidad de hacerlo con el conocimiento adecuado, la buena intención y de forma diligente para maximizar los beneficios y minimizar los riesgos. Los comportamientos poco éticos y las prácticas fraudulentas no deben ser toleradas y han de notificarse siempre, con el objetivo de que el conjunto de la comunidad ayahuasquera pueda seguir facilitando la autorregulación y preservando la integridad de sus prácticas.

En conclusión, y en continuidad con la declaración sobre la ayahuasca realizada en 2012 por académicos de reconocido prestigio8, instamos a las autoridades a que se muestren tolerantes hacia estas prácticas, basándose en el respeto del derecho fundamental a la libertad de religión y de conciencia9, así como a la autonomía individual para elegir los medios y herramientas que faciliten el propio bienestar físico y psicológico. Asimismo, que concedan a las comunidades ayahuasqueras el grado necesario de seguridad jurídica y un compromiso de respeto para que puedan continuar desarrollando de manera responsable y segura su contribución a la sociedad multicultural y globalizada de hoy.

1)Labate, B. C., & Cavnar, C. (Eds.). (2014). The therapeutic use of ayahuasca. Heidelberg: Springer.
2) Tupper, K. W., & Labate, B. C. (2012). Plants, psychoactive substances and the International Narcotics Control Board: The control of nature and the nature of control. Human Rights and Drugs, 2 (1), 17-28.
3) Bouso, J.C., dos Santos, R., Grob, Ch., da Siveira, D., McKenna D.J., de Araujo, D., Doering-Silveira, E., Riba, J. & Barbosa, P. (2013). Technical Report about Ayahuasca, Barcelona: ICEERS Foundation.
4) Letter sent to ICEERS by the INCB in 2010, available at http://iceers.org/Documents_ICEERS_site/Letters/INCB/INCB_Response_Inquiry_ICEERS_Ayahuasca_2010.pdf
5) INCB Annual Report 2010, par. 286; INCB Annual Report 2012, par. 329-330.
6) Labate, B. C., & Jungaberle, H. (Eds.). (2011). The internationalization of ayahuasca.Zürich: Lit Verlag.
7) Lande, A. (1976). Commentary on the Convention on Psychotropic Substances, done at Vienna on 21 February 1971. New York: United Nations.
8) Anderson, B. T., Labate, B. C., Meyer, M., Tupper, K. W., Barbosa, P. C. R., Grob, C. S., et al. (2012). Statement on ayahuasca. International Journal of Drug Policy, 23 (3), 173-175.
9) These rights are recognized in broadly ratified international instruments, such as the 1948 UNGA Universal Declaration of Human Rights (Art. 18), the 1950 European Convention on Human Rights (Art. 9) and the 1969 American Convention on Human Rights (Art. 12).

 

En Inglés:

In September 2014, approximately 650 people from over 60 different countries attended the World Ayahuasca Conference in Santa Eulària des Riu, Ibiza, Spain. At this conference, a group of 40 scientific, legal, and public policy experts met to discuss how ayahuasca drinking practices can be better understood, respected and protected as international interest in the brew spreads in the 21st century. The conference formed an Expert Committee for the Regularization of Psychoactive Ethnobotanicals. The following is the consensus declaration of this group: a call for governments to work towards creating a constructive legal and human rights-based foundation for ayahuasca drinking.

Every human being should be free to choose ways and tools that facilitate healthy personal growth and spiritual development, to overcome mental or physical illness, and to nurture individual flourishing, social bonding and family life, as well as to cultivate spiritual meaning. Moreover, at a time when humans collectively are living on the precipice of social, environmental and economic crisis, it is vital that intercultural dialogue and holistic policies promote a sustainable existence for our species, embracing our diversity in a world with interconnected societies, in harmony with the planet and its other inhabitants. It is intrinsic to the evolution of humankind to seek new methods, and to improve those we have at hand, to effectively reach these goals.

Unfortunately, this seems not to apply when it comes to certain tools of ethnobotanical nature utilized for centuries by indigenous and pre-modern societies in ceremonial practices, passed on orally from generation to generation. One of these, ayahuasca (a brew made from the stems of the Banisteriopsis caapi vine and the leaves of the Psychotria viridis bush), has played a quintessential role in the spiritual, medical and cultural traditions of peoples who have inhabited the upper part of the Amazon basin. In the past few decades, various traditions and new modalities of ayahuasca drinking have been taken up beyond the frontiers of the Amazon, embarking on a new multi-cultural symbiosis.

For centuries, industrialized societies have been in general repressive and intolerant towards plants with psychoactive properties, mistakenly interpreting their use as diabolical, destructive and addictive. However, recent medical and social scientific evidence shows that this long-standing cultural prejudice is misguided, and plants such as ayahuasca are gaining increased recognition for their potential role in psychotherapeutic processes, spiritual growth, and the improvement of interpersonal relations.1

The various emerging practices of ayahuasca drinking resist traditional conceptualizations and categorizations of illegal drug “abuse” as defined by the dominant international drug control regime. Equating the ritualistic, religious and therapeutic uses of ayahuasca to the problematic uses of controlled drugs like opiates, cocaine or methamphetamine—or treating people who lead ayahuasca ceremonies as “drug traffickers” involved in illegal markets—is misinformed, not based on evidence, and contributes to confusion about the human-rights based legitimacy of these practices.2

Moreover, scientific evidence shows that ayahuasca does not lead to chronic and problematic patterns of use (i.e., addiction), that its use does not generate pharmacological tolerance and that it has an acceptable physiological and psychological safety profile in controlled settings.3 Also, its emetic effects—traditionally considered a crucial aspect of its spiritual and healing properties—along with the often profound introspective experience it induces, usually have positive health and behavioural outcomes among regular drinkers.

For a significant and rapidly increasing population in various parts of the world, drinking ayahuasca is the way people choose to promote spiritual and personal development, overcome suffering and deepen their relationship with themselves, their families, their environment and planet Earth. However, to many drug control bodies, such as the International Narcotics Control Board, as well as law enforcement officers, legal prosecutors and judiciaries of individual countries, ayahuasca drinking is often mistakenly regarded as a new way to get high, an inauthentic spiritual practice, a destructive drug addiction, and a threat to public health and moral order that requires repressive measures.

In 2010, the INCB affirmed that “no plant or concoction containing DMT, including ayahuasca, is currently under international control”. However, the Board added that “some countries may have decided to apply control measures to the use and trade of ayahuasca, due to the serious health risks that the use of this preparation carries.”4 Coinciding with the INCB raising political alarm regarding ayahuasca and other psychoactive plant materials in their 2010 and 2012 Annual Reports5, and following a trend started in the mid-1990s, a series of arrests across Europe and abroad were conducted to signal intolerance for ceremonial ayahuasca drinking practices. It seems realistic to state that national (in individual states) or even international prohibition of ayahuasca is now a distinct future possibility.6

We have followed closely the legal and court cases pertaining to many of the different ayahuasca drinking communities and have witnessed how tragic and damaging this oppression can be to those involved.

Therefore, we ask governments, policy-makers, legal prosecutors, judges and law enforcement officials to take the traditional and cultural value of ayahuasca drinking practices worldwide into account, basing their policies and decisions on the scientific evidence and the human rights described above. We ask for an end to the legal prosecution of these practices and instead for governments to collaborate with representatives of the communities of people who drink ayahuasca, facilitating efficient self-regulation models, health promotion and harm reduction, and public educational initiatives. We ask judges of ayahuasca-related court cases to take the INCB statement on the international legal status of ayahuasca into account: In this case DMT in the ayahuasca brew occurs in its natural form, and thus is not under international control according to the official interpretation of the 1971 Convention on Psychotropic Substances.7

It is equally important to note that the potential benefits of plants such as ayahuasca are tempered by the potential for harm, if they are not used responsibly. We remind people who drink ayahuasca, and especially those who lead ayahuasca ceremonies, that they assume a responsibility to do so with the knowledge, intention, and duty of care to maximize benefits and minimize risks. Unethical behavior and criminal incidents cannot be tolerated and should always be reported, so that collectively the ayahuasca drinking community can continue to facilitate self-regulation and preserve the integrity of their practices.

In conclusion, and following a previous statement by academic experts8, we urge regulatory authorities to demonstrate tolerance based on the fundamental and universal rights to freedom of religion and thought9, together with the freedom to choose ways and tools to facilitate physical and psychological well-being, and thus to grant ayahuasca drinking communities the necessary degree of legal freedom and respectful engagement for them to continue evolving into safe and responsible contributors to today’s multicultural and globalizing society.

1)Labate, B. C., & Cavnar, C. (Eds.). (2014). The therapeutic use of ayahuasca. Heidelberg: Springer.
2) Tupper, K. W., & Labate, B. C. (2012). Plants, psychoactive substances and the International Narcotics Control Board: The control of nature and the nature of control. Human Rights and Drugs, 2 (1), 17-28.
3) Bouso, J.C., dos Santos, R., Grob, Ch., da Siveira, D., McKenna D.J., de Araujo, D., Doering-Silveira, E., Riba, J. & Barbosa, P. (2013). Technical Report about Ayahuasca, Barcelona: ICEERS Foundation.
4) Letter sent to ICEERS by the INCB in 2010, available at http://iceers.org/Documents_ICEERS_site/Letters/INCB/INCB_Response_Inquiry_ICEERS_Ayahuasca_2010.pdf
5) INCB Annual Report 2010, par. 286; INCB Annual Report 2012, par. 329-330.
6) Labate, B. C., & Jungaberle, H. (Eds.). (2011). The internationalization of ayahuasca.Zürich: Lit Verlag.
7) Lande, A. (1976). Commentary on the Convention on Psychotropic Substances, done at Vienna on 21 February 1971. New York: United Nations.
8) Anderson, B. T., Labate, B. C., Meyer, M., Tupper, K. W., Barbosa, P. C. R., Grob, C. S., et al. (2012). Statement on ayahuasca. International Journal of Drug Policy, 23 (3), 173-175.
9) These rights are recognized in broadly ratified international instruments, such as the 1948 UNGA Universal Declaration of Human Rights (Art. 18), the 1950 European Convention on Human Rights (Art. 9) and the 1969 American Convention on Human Rights (Art. 12).

Declaración apoyada por:

Constanza Sánchez Avilés, PhD
Coordinadora de Leyes, Políticas y Derechos Humanos, Fundación ICEERS, Barcelona, España
Benjamin De Loenen, MA
Fundador y Director Ejecutivo, Fundación ICEERS, Barcelona, España

Beatriz Labate, PhD
Nucleus for Interdisciplinary Studies of Psychoactives (NEIP), São Paulo, Brazil

Kenneth W. Tupper, PhD
School of Population and Public Health
 University of British Columbia
, Victoria, Canada

Jeffrey Bronfman
Santa Fe, Nuevo México (EEUU), Miembro del Cadre Of Mestres O Centro Espírita Benficente União Do Vegetal, Brasilia, Brasil

Amanda Feilding
Fundadora y Directora, The Beckley Foundation, Reino Unido

David R. Bewley-Taylor, PhD
Director, Global Drug Policy Observatory, Swansea, Reino Unido

Ethan Nadelmann, PhD
Director Ejecutivo, Drug Policy Alliance, Estados Unidos

Kasia Malinowska-Sempruch, Dr PH
Directora del Programa Global de Políticas de Drogas de la Open Society Foundations, Nueva York, NY, Estados Unidos

Pien Metaal, MA
Coordinadora del Programa Reforma a las de Leyes de Drogas en América Latina, Transnational Institute, Ámsterdam, Países Bajos

Raquel Peyraube, MD
Directora Clínica, Fundación ICEERS Uruguay

Rick Doblin, PhD
Founder & Executive Director Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies, Belmont, MA, United States

Virginia Montañés
Experta en Políticas de Drogas (CERCA), España

Aleix VilaMaria
Abogado, Barcelona, España

Alexis Kaiser
Abogado, Zürich, Suiza

Charlotte Walsh, MPhil
Profesora de Derecho, School of Law, University of Leicester, Reino Unido

Diego de las Casas
Abogado, Madrid, España

Francisco J. Esteban, PhD
Universidad C.J. Cela, Madrid, España

Pedro Caldentey Marí
Abogado, Barcelona, España

Roberto Castro Rodríguez
Abogado, Barcelona, España

Rodrigo A. González Soto
Abogado, Santiago, Chile

Anton J. G. Bilton, BSc Hons
Reino Unido

Ben Christie
Consultor en Comunicaciones, Londres, Reino Unido

Hélène Pelosse, MA
Alta funcionaria, Francia

Joan Obiols-Llandrich, MD, PhD
Presidente, Fundación ICEERS, Barcelona, España

Pep Cura Oliveras, MA
Coordinador AYA2014, Fundación ICEERS, Barcelona, España

Marc Aixalà
Coordinador Help Center, Fundación ICEERS, Barcelona, España

Maria Carmo Carvalho, MSc
Vicepresidenta, Fundación ICEERS, Oporto, Portugal

Jerónimo Mazarrasa
Secretario, Fundación ICEERS, Ibiza, España

Margot Honselaar
Tesorera, Fundación ICEERS, Halsteren, Países Bajos

Òscar Parés, MA
Subdirector, Fundación ICEERS, Barcelona, España

José Carlos Bouso, PhD
Director Científico, Fundación ICEERS, Barcelona, España

Fuente: http://www.aya2014.com/declaracion-aya2014/

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