LA VIOLACIÓN DE DERECHOS HUMANOS CONTRA LOS WICHIS EN FORMOSA

La violencia naturalizada contra las comunidades Wichís de Formosa y las situaciones de violación contra sus derechos son el pan de cada día: violaciones a niñas, usurpación de territorios, disparos contra niños por parte de la policía, causas armadas y el impedimento de acceso a la salud y la vivienda, conforman su cotidianidad. La asistencia humanitaria que llega como bálsamo y respiro para las comunidades.

Algunos rastros de violencia

Septiembre de 2011. Siete hombres criollos violan a una niña wichí de 14 años en Ingeniero Juárez, en el predio de la Escuela Especial que se encuentra frente a la Comisaría de la ciudad.
Marzo de 2013. María Paico, wichí de 15 años, integrante de la comunidad La Pampa cercana a la localidad de El Potrillo (Departamento Ramón Lista), fue atacada por dos criollos, que intentaron violarla y estrangularla, y la golpearon hasta provocarle un traumatismo de cráneo.
Marzo de 2014. Policías de la ciudad de Ingeniero Juárez comienzan una persecución durante unos cien metros contra niños que jugaban frente a la plaza Juan Domingo Perón. En medio de los disparos con balas de goma y plomo, y con puntería certera, hirieron de un balazo en la rodilla a Nazareno Chávez, de once años.
Aproximadamente, también en marzo de este año, una joven mujer del Barrio Palo Santo fue trasladada al Hospital de la Capital de Formosa por complicaciones en la salud de su bebé. Tiempo después, esta mujer fue devuelta a la ciudad de Ingeniero Juárez muerta y sin sus ojos.

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Este puñado ínfimo de hechos, no aislados ni azarosos, tienen el común denominador de suceder contra comunidades wichís situadas en un distintos territorios de la provincia de Formosa, en sus propias tierras.

Stefan Biskamp, corresponsal alemán para Latinoamérica que visita de forma frecuente varias comunidades wichís de Formosa, explicó a Acceso Global: “Lo que agrava la situación de los pueblos originarios es la combinación de la violencia directa y la violencia estructural que no conozco de otros países. La violencia directa viene en forma de asesinatos y violaciones de indígenas. Aunque no hay una guerra civil en Argentina, muchas comunidades sí viven las condiciones de una guerra civil, por ejemplo, con allanamientos arbitrarios, con devastación de casas y heridos y muertos por tiros de la policía. Entonces, lo que vive una familia wichí en muchos lugares, en principio, es un miedo constante. Hay miedo de ir al monte, hay miedo de ir a la ciudad para comprar algo con el poco dinero que hay, hay miedo de reclamar agua, hay miedo de mandar a los chicos al colegio, hay miedo cuando se necesita llevar un familiar al hospital, hay miedo cuando se ve un policía desde lejos”.

La tierra postergada: los hermanos Tejada prisioneros por defender sus territorios
El caso más reciente, que resume el despojo judicial, policial y estatal de esta provincia, es el de los hermanos Tejada, miembros de la comunidad wichí El Colorado, Departamento Ramón Lista, quienes se encuentran detenidos desde el 28 de julio por defender su propio territorio, cuyos ancestros vienen habitando desde hace cuatro generaciones.

Un lugareño llamado Pila Tedín comenzó a instalar postes y alambrar las tierras de los Tejada, que al enterarse, fueron al lugar y quitaron todo lo que Tedín había puesto de forma ilegal.

Acto seguido, el lugareño inicia una denuncia que inspiró al Juez Francisco Orella a ordenar un inmediato allanamiento. Aquel día, unos 70 policías llegaron temprano a la comunidad y con ellos, la represión: comenzaron a patear las viviendas y a golpear niños, hombres y mujeres, e incluso, intentaron llevarse a un bebé.

En medio de la repentina (pero ya frecuente) violencia, se llevaron detenidos a Esteban, Avelino, Manuel, Rogelio y Ricardo Tejada. Avelino es, a su vez, presidente de la Asociación Civil Satuktes, que integra el territorio completo de San Martín (al oeste de la provincia), por lo cual, el hecho de mantenerlo en prisión no es casualidad.

Fuente: ANRed

En plena violencia policial, Ricardo recibió aquel día, balazos y heridas, por lo que debió ser trasladado al Hospital Central de Formosa donde permaneció esposado en una cama durante las tres semanas de internación, para luego ser trasladado a la Alcaldía de Formosa, y finalmente a la Alcaldía de Las Lomitas junto a sus cuatro hermanos.

Entre todos los atropellos que se dieron en esta causa, el abogado de los Tejada, Daniel Cabrera, fue quitado de la causa por la misma comunidad debido a presiones por parte de punteros políticos, y tomada por el concejal en función Omar Padilla, miembro del Frente para la Victoria, quien les había prometido liberarlos de la prisión con rapidez (lo cual, por supuesto, no sucedió), al mismo tiempo que Cabrera recibía amenazas para abandonar la defensa de estos hermanos. Pasadas las tres semanas, Cabrera fue restituido y pudo retomar la causa.

Hace pocos días, el abogado presentó una solicitada al juez Orella, en la que los detenidos pidieron que se les devuelva la libertad, advirtiendo que, de no concederse, comenzarían con una huelga de hambre a partir del lunes 1 de septiembre, teniendo en cuenta que estos cinco hermanos fueron sometidos a una rueda de reconocimiento irregular para que, luego de ello, el juez resolviera su situación procesal, lo cual tampoco sucedió. La huelga de hambre, en cambio, sí sucedió.

Fuente: ANRed

Por otra parte, lo que dificulta más esta situación es la carátula de la causa, que quedó establecida como “Robo a mano armada con uso de arma de fuego en poblado y en banda” y “Atentado y resistencia a la autoridad y entorpecimiento de un acto judicial”.

Voces que reclaman por libertad
En los últimos días, el periodista y escritor Osvaldo Bayer se pronunció por escrito sobre esta problemática puntual: “No podemos dejar de lado lo que está sucediendo en Formosa.

Desde hace un mes hay cinco integrantes de los pueblos originarios, son wichís, que están injustamente detenidos tras un ataque policial a la comunidad El Colorado del Oeste. Su territorio tiene petróleo y es codiciado por intereses extranjeros y por usurpadores que alambran y desmontan día y noche. El juez que entiende en la causa es Francisco Orella de Lomitas. Sostenemos que no hay motivos para que los wichís estén presos. Deben ser liberados. Mencionamos esto en nombre de los derechos humanos y del respeto que nos merecen los pueblos originarios”.

De esa manera, Bayer se sumó a otros representantes en las luchas por los derechos humanos que se han mostrado firmemente en contra de esta represión, como el Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel; la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas; Mirta Baravalle y Elia Espen, también integrantes de Madres; el qarashé de la comunidad Qom La Primavera, Félix Díaz, y otras organizaciones de derechos humanos como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Formosa, el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA) y la Vicaria de los Pueblos Originarios, quienes presentaron recursos de Habeas Corpus en el Superior Tribunal de Justicia de Formosa, los cuales fueron rechazados.

Por su parte, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) Nacional reclamó al Gobernador de la provincia, Gildo Insfrán, la culminación de la violencia y del hostigamiento contras las comunidades.

Fuente: Red Eco Alternativo

De tierras y despojos
A propósito de las tierras, el referente de las comunidades wichí de Ingeniero Juárez, Agustín Santillán, reclama, y reclama sin descanso: “Acá hay muchos despojos de tierras y muchas comunidades están obligadas a dejar su tierra e ir a las ciudades. Los usurpadores realmente son criollos a los que el gobierno de Formosa les da proyectos de alambrar tierras. Tienen una organización que ellos llaman PAIPPA (Programa de Asistencia Integral para el Pequeño Productor Agropecuario): son pequeños productores a quienes el gobierno les da miles de hectáreas y dejan sin tierras a los wichí. Nosotros ocupamos la tierra y el monte de otra forma y también tenemos animales, pero cuidamos el monte porque de él sacamos nuestra comida. Para nosotros es como el súper; uno va y consigue cosas para alimentar sus hijos”.

“De la medicina de monte, a uno le duele la cabeza o se corta y ya sabe dónde va a sacar los medicamentos. En el monte hay muchos árboles que se están cortando y para nosotros es medicina, y hay árboles de los que sus frutos nos dan de comer (como el algarrobo que es un árbol de frutas dulces); son medicinas que grandes empresarios usan para hacer mesas y sillas”, reflexiona Santillán.

Disparos en las noches
Entre todas las caras que muestra la violencia contra las comunidades wichís, el periodista Bisckamp asegura que, en Ingeniero Juárez, durante las noches los ruidos de balas se escuchan a cada rato y la represión policial es cosa de todos los días. “La policía dispara a integrantes de las comunidades indígenas, se trata de una cacería de indios. Esto lo pude observar directamente, no es que alguien me lo contó. En las noches de Ingeniero Juárez me sentí como en una zona de guerra”, expresó.

Pero algunos policías no necesitan la oscuridad para disparar. Hace unos pocos meses, en la mañana del 17 de mayo, un grupo de policías irrumpió en la comunidad wichí Barrio Obrero de esa misma localidad y con insultos como “indios de mierda” y burlas, empezaron nuevamente con su espectáculo tirano de balas de plomo hiriendo a unos siete niños, que, según relataron vecinos, jugaban a la bolita. Dos de ellos, fueron detenidos y golpeados brutalmente. A Leandro de 14 años, por ejemplo, tres policías le pegaron con borcegos en las costillas y, además, le ataron los pies.

Fuente: ANRed

Asistencia humanitaria entre amenazas, presiones y necesidades
Pero no son únicamente los disparos, las violaciones y las prisiones lo que conforma la estructura a la que están sometidos muchos wichís. Las dificultades en el acceso a la salud para ellos, pasaron a convertirse en una forma de exterminio mucho más sutil que los balazos.

Esta situación queda evidenciada no sólo cuando los aborígenes van en busca de atención a los hospitales y reciben maltrato, desatención médica o medicaciones y tratamientos inadecuados e insuficientes, sino también, en todos los elementos básicos como agua o viviendas en condiciones con los que no cuentan y cuya ausencia (o pésima administración por parte del gobierno provincial) contribuye a empeorar su salud.

Fuente: ANRed

Los directores de Enfermería para la Asistencia Humanitaria (ENASHU), José “Tano” Boggiano (licenciado en Enfermería) y Marisa Roncati (licenciada en Obstetricia), conocen muy bien esta situación; las calles por las que caminan los wichís, las casas en las que viven, las enfermedades que padecen y los pozos contaminados de los que beben agua.

En enero de 2014, entonces, se armaron de coraje y, con unos pocos medicamentos, un par de mochilas y con lo justo, se fueron a dar asistencia médica a las comunidades abandonadas por Gildo Insfrán. Así nacía la primer campaña de este grupo humanitario.

“En Formosa, ayudando a través de ENASHU a las Comunidades Wichí, no he visto guerra porque no la hay pero sí he visto hambre, Chagas, Pediculosis, Desnutrición Infantil y de Adultos, enfermedades de piel en personas inmunosuprimidas, deshidratación por la falta de agua; algo inaudito en esta Argentina rica en Recursos Naturales, y también desolación; un Estado ausente, y muerte”, detalla Boggiano.

Y el Tano sabe de lo que habla porque participó activamente de incursiones en lugares como Rwanda (África) en medio de guerras de etnias; en el Distrito Federal de México por la gripe A; en Ciudad de Pisco (Perú) a causa del último terremoto y con actividad en la zona de Sendero Luminoso. “He trabajado y aun colaboro con Médicos sin Fronteras y con Médicos del Mundo; en estas misiones vi la guerra de cerca, el hambre, el paludismo, el cólera y muchas otras enfermedades y miserias humanas que sólo causan muerte y desolación. No sé si hay algo de ¨distinto¨ (entre todo esto y las comunidades wichís) porque en el fondo vemos gente morir y chicos que por su desnutrición ya no van a tener un cerebro activo para tener un futuro mejor”.

Fuente: ENASHU

La licenciada Roncati, cuya experiencia está circunscripta a varias villas de emergencia de Capital Federal y el conurbano bonaerense, explica la “diferencia” que implica trabajar con los wichís: “Lo distinto puede pasar porque los wichís de Formosa carecen de toda posibilidad. Con esto quiero decir que las carencias entre una y otra población pueden ser similares: falta de recursos económicos, acceso a la educación, acceso a la salud, etc. Pero la gente que vive en las villas porteñas tiene al menos la posibilidad de, por ejemplo, salir a pedir (dinero, comida), mientras que la población aborigen de Formosa en particular está discriminada en todo sentido: marginalizados, perseguidos, excluidos, sin posibilidades de tener si quiera aspiraciones a una mejor calidad de vida en ningún sentido”.

Ambos profesionales, junto a un gran equipo de voluntarios, ya llevan atendidas a 2500 personas en todas las campañas. Pero el camino no fue fácil: fueron amenazados y presionados para abandonar su labor en las comunidades.

Boggiano cuenta que, durante la campaña llevada a cabo en marzo, “luego de haber trabajado duramente el primer día en comunidades del interior, en lo que muchos de ellos llaman el Impenetrable Formoseño y después de haber visto escenas que no vi en África, cuando llegamos de noche a la comunidad wichí de Pocitos, al volver nos avisaron por teléfono que funcionarios del Gobierno de Formosa nos estaban buscando en el Hotel. Al llegar a Ingeniero Juárez a eso de las 23:30, el sereno del hotel nos dijo que nos buscarían al otro día, lo que no nos dijo es que al otro día por la mañana -en un operativo al mejor estilo cinematográfico- aparecerían funcionarios de alto rango a intimidarnos para que nos vayamos e, inclusive, se presentaron con una farmacéutica seguramente para incautar la medicación que llevábamos”.

Roncati, por su parte explicó que la idea de los funcionarios era impedir que les dieran asistencia sanitaria a los wichís. “Evidentemente era algo que los inquietó bastante, ya que nos venían haciendo el seguimiento y ese domingo se tomaron la molestia de recorrer los 500 kilómetros que unen a la capital Formoseña con Ingeniero Juárez, en helicóptero. Según ellos (ese impedimento) era porque no estaban los medios arbitrados para que podamos realizar una campaña de Atención Primaria de la Salud en esa jurisdicción. Argumento que no han podido sostener, ya sea por lo conversado verbalmente y porque nos habíamos ocupado de llevar absolutamente todo lo necesario en materia burocrática que avale el ejercicio profesional, legal, independiente y autónomo de los profesionales de la salud que habían adherido al voluntariado y conformaban el equipo de trabajo en espacio libre y abierto dentro del territorio Nacional”.

Tanto Roncati como Boggiano han visto cientos de casos difíciles de digerir, de esos que conforman la realidad más cruda de las comunidades.

Roncati destaca entre todos ellos un recuerdo que le sucedió al lado su compañero de equipo, pero que, sin dudas, la marcó: “Atendiendo a un niño en bastante mal estado de salud, el Tano le pregunta a la mamá -que tampoco estaba en condiciones- cuántos hijos tenía y si estaban todos en condiciones similares. Ante la respuesta de que tenía varios hijos (no recuerdo el número, pero allí las mujeres quedan embarazadas jóvenes y tiene varios hijos), el Tano le pregunta por qué seguía teniendo chicos si no los podía tener bien, si no los podía alimentar, que tengan educación, llevarlos al hospital, etc. Entonces la mujer, con bastante seguridad y entereza, le respondió que ellas tienen muchos hijos porque saben que varios de ellos iban a enfermar y morirse, pero alguno iba a sobrevivir para continuar con la descendencia”.

Y continúa: “Saliendo de esa comunidad, el cacique y varios hombres se nos acercan aparte y nos piden anticonceptivos para las mujeres; entonces, con el relato de la mujer clavado como un hacha en la mente, preguntamos para qué querían que las mujeres no tuvieran más hijos, y la respuesta fue que, como muchas mujeres morían en los partos, no querían seguir perdiendo a quienes sostienen y llevan adelante a sus familias. No creo que haga falta que agregue nada”.

Boggiano, por su parte, relató el caso de “un chiquito de unos 10 años en muy mal estado general y con claros signos de desnutrición”. “El día que lo atendí -cuenta Boggiano- no llevábamos médicos, ya que fue la primera campaña que hicimos. Al momento de atenderlo ya casi habíamos agotado todo lo que llevábamos y fue duro no poder dejarle lo que necesitaba. De igual manera lo derivé al Hospital Eva Perón de Ingeniero Juárez, al cual muchas personas de la Comunidad Wichí no quieren ir y éste fue una de esas familias. A los 20 días de haber vuelto a Buenos Aires me enteré que ese nene había fallecido. Un gusto amargo y muchísima impotencia. Creo que lo tengo presente en cada organización de una nueva campaña tratando que nos falte lo menos posible; pero la carita de ese nene y su familia pidiéndome ayuda me sigue cada día”.

Sobrevivir
María Paico sobrevivió y hoy continúa en tratamiento; Nazareno Chávez, luego de estar un largo período internado también se repuso; el niño Leandro, de 14 años, también sobrevivió. Sobreviven con lo que tienen, viven como pueden. Muchos pierden su vida a fuerza de golpes y otros tantos, muchos, como los Tejada, pierden gran parte de sus tierras, por las que deben luchar tras las rejas.

Fuente: http://www.accesoglobal.info/la-violacion-de-derechos-humanos-contra-los-wichis-en-formosa/

 

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