Restaurantes parisinos transforman sobras en biogas

Ochenta bistros de París decidieron unir esfuerzos para no tirar comida y hacer de ella tanto combustibles naturales como compost, adelantándose a una nueva ley que impondrá el reciclaje de basura como fuerza energética.

El proyecto piloto ha prendido entre restaurantes, servicios de catering y hoteles parisinos; hasta tiendas gourmet de primera línea como Fauchon y Taillevent (ganadora de las estrellas Michelin) se sumaron la iniciativa, que implica recolectar las sobras alimenticias y generar a partir de ellas biocombustibles, electricidad y calor, al igual que compost para las granjas cercanas a París.

El programa es una prueba piloto antes de la aprobación de una estricta ley ambiental que fija que para 2016 uno de cada cinco restaurantes capitalinos deberán reciclar su desecho orgánico si no quieren recibir multas de hasta 75.000 euros. Francia busca ponerse a tono con otros países del norte de Europa, más avanzados en materia de convertir basura en metano, evitando la incineración de desperdicios y la emisión de gases relacionados al efecto invernadero.

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Stephan Martinez, del bistrot Le Petit Choiseuil, fue quien impulsó hacer la prueba adelantándose a la ley, y dice que los restaurantes que participan están contentos de que alguien recoja su basura y le de buen uso. “La respuesta positiva de los clientes también es un bonus”, dice el chef, que reúne sus sobras en bolsas de plástico que cada mañana son recolectadas por camiones alimentados por biogas. Los restaurantes se suman así a empresas (como Danone), supermercados (como Carrefour) y hospitales, que desde 2012 reciclan basura en Francia.

“A partir de 2016, el número de restaurantes implicados por esta regulación crecerá exponencialmente”, explica Herve Dutruel de Bionerval, planta en Etampes, al sur de la capital, que transforma basura en metano y compost con la ayuda de bacterias y de una turbina que genera dos megawatts por hora de energía eléctrica. Del proceso, incluso, se obtiene fertilizador.

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Otros países como Alemania, Austria o Dinamarca no sólo imponen esta medida a restaurantes sino también a hogares, pero Francia está haciendo el esfuerzo y unos 25.000 restaurantes se sumarán a la medida. “Es una oportunidad de darle a la tierra algo en retorno por todo lo que nos da”, opina Didier Chenet, presidente de la planta metanizadora Synhorcat, orgulloso de ayudar a su país a crecer.

 

 

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