Pueblo Mbya guaraní

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Tierra e historia

Los mbyá o mbya son un pueblo guaraní que habita en Paraguay , Brasil y Argentina . Existe también un pequeño grupo en el Uruguay.

Se autodenominan jeguakâva tenonde porangue’ í (los escogidos entre los que primeramente se adornaron con el gorro ritual).

Los Mbya fueron conocidos en el siglo XVIII como monteses del Mba’everá que vivían en las selvas entre el río Acaray y el río Monday. Algunos resistieron a la radicación en las Misiones Jesuíticas, trasladándose al interior de la selva con bastante frecuencia, por tierras hoy paraguayas y brasileñas.

 Madre Tierra

En la actualidad, en Misiones, Argentina, existen 74 comunidades del pueblo Mbya Guaraní, con una población actual que ronda las 3 mil personas. Viven dentro de la Reserva Yabotí, en unas 6.500 hectáreas de territorio, aunque la expansión de industria maderera cada vez les quita más territorio y pretende arrinconarlos en menos de 300.

Dentro de la Reserva de la Biosfera Yabotí, en la selva Paranaense,  obtienen sus alimentos, plantas medicinales y elementos para construir sus viviendas. Sin embargo, la falta de medicamentos y alimentos naturales consecuencia de la extracción indiscriminada de árboles amenaza la salud y supervivencia de estas comunidades.

Las comunidades Mbya Guaraní de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate son el resultado de un largo proceso de ciclos sedentarios precedidos por episodios puntuales de migración. Estos movimientos tienen siglos de antigüedad. Mientras la selva subtropical evolucionaba, con sus propias fluctuaciones por causas internas y externas, los Mbya, iban estableciendo sucesivos territorios transitorios.

Si los recursos disponibles y su uso daban un buen balance y los sueños y las visiones de sus líderes no aconsejaban lo contrario, se radicaban en el mismo sitio durante mucho tiempo. Si alguna crisis rompía esa relación, la comunidad migraba para volver a instalarse con rasgos sedentarios en otro sitio más propicio.

Las comunidades Mbya se integraron a la selva Paranaense hace más de 3.000 años sin desarrollar la noción de propiedad privada que sí adoptaron las poblaciones blancas de ingreso más reciente (siglo XVI en adelante). Su territorio fue invadido a partir del siglo XVI por, en su mayoría europeos, que tenían estrategias de apropiación de la tierra y de producción totalmente distintas. Este modo de apropiación provocó la rápida desaparición de la selva subtropical, el establecimiento de sistemas agro productivos y la multiplicación de asentamientos urbanos persistentes. En contraste, el modo de vida de cualquier grupo cazador-recolector con agricultura de subsistencia tiene particularidades que no son bien comprendidas por quienes se basan en sistemas agro productivos. Varias de las comunidades Mbya, entre ellas Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate, siguen siendo cazadores, recolectores y pescadores, con una práctica agrícola deliberadamente reducida.

Su economía se basa en los cultivos tradicionales que fueron heredados: maíz, mandioca, batata, zapallo, tabaco, etc.

El maíz es la base principal de su alimentación y tiene un sentido sagrado.

Practican la caza y la pesca para complementar su alimentación.

Las mujeres guaraníes son las que mas trabajan en cestería, pero ésta no es actividad privativa de ellas, los hombres también la realizan, siendo los encargados de comercializarlas.

La base de la organización social la constituye la familia extensa, con un número no mayor de 12 a 15 miembros.

 Lengua

La primera lengua aprendida por los niños es el guaraní en su variante MBY’A, pero la mas utilizada para establecer relaciones con los occidentales es el Yopará o Guaraní paraguayo.

La mayor parte de los varones adultos hablan castellano o poseen conocimientos rudimentarios del mismo, los niños lo comienzan a aprender desde la infancia, ésta es una de las razones por la cual acompañan a sus padres para ayudarlos en las tareas rurales y en el contacto con las personas externas a la comunidad.

El MBY’A es mantenido como lenguaje primigenio y privado, de relación interna a la comunidad. Además, los Mbya tienen en su lenguaje lo que llaman “ñande ary guá ñeé” palabras de los situados encima de nosotros, o neé porá – palabras hermosas / palabras alma- empleadas exclusivamente en las plegarias, himnos sagrados y mensajes divinos recibidos de los ancianos y ancianas para ser trasmitidos a los miembros de la comunidad. Son palabras, frases y locuciones pronunciadas siempre con el mayor respeto, y en ningún caso se divulgan a personas que no gocen de la plena confianza de los indígenas.

 Espiritualidad

La visión del mundo que más frecuentemente se describe del mundo Guaraní, nos habla de que la tierra tiene la forma de un disco, sobre el cual se extienden siete niveles de cielos y hay también un nivel debajo de la tierra.

El cielo más lejano es la morada del creador: Ñamandu de los Mbya, Ñane Ramói Jusu Papa (Nuestro Abuelo Grande Eterno).

En el nivel de los cielos se ubican los seres espirituales (ñe’j) de los seres humano). Hay diferentes cielos para los que ya han pasado por la experiencia de la encarnación, otro para los que están esperando todavía, así todas los seres espirituales conviven. Este espacio celeste es el “verdadero futuro espacio” a la cual aspiran los Pa-Tavyterá.

La tierra en la que vivimos hoy en día es la segunda creación (algunos dicen que es la tercera). La primera fue destruida por el diluvio. Según algunas profecías guaraníes la actual creación va a ser destruida por el fuego.

Los Guaraníes tienen el concepto de que cada ser humano tiene dos partes: su parte espiritual “ñe” y su parte corporal  “á”. La palabra “ñe”  significa “palabra; lengua; sonido con sentido”. La parte espiritual tiene su asiento en la garganta y se expresa a través del hablar, especialmente a través de los cantos y rezos inspirados. Por eso son tan cuidadosos con las palabras que utilizan.

Lo esencial del cuerpo esta en la sangre y la leche materna y se expresa a través de la sombra. Consiste de tres partes, de los cuales una siempre está conectada con el cuerpo, mientras las otras dos pueden hacer viajes cortos durante el sueño y, con algún entrenamiento, también viajes largos. Puede causar serios problemas de salud si uno de estas partes, del cuerpo inmaterial no vuelve de su viaje nocturno. Al morir, se transforma en ángue (á + kue, -ngue sufijo del pasado), que se disuelve después de poco tiempo, o puede quedarse un tiempo en la tierra.

La verdadera morada de los seres espirituales es uno de los siete cielos, de ahí son enviados a la tierra para pasar por la difícil experiencia de la vida terrestre. Los Ñandéva tienen un concepto de reencarnación, según su tradición ésta ocurre con bastante frecuencia entre parientes cercanos. Los Mbya y Tavyterá afirman que una sola experiencia en la tierra es suficiente. Después de la muerte, el ñe’ vuelve a su verdadera morada y tiene que pasar por el piraguái, una especie de purgatorio, debe sortear obstáculos como piedras resbaladizas yvyku’i veve (arenas que vuelan), piedras que  echan chispas, encuentra murciélagos y moscas gigantescas, hasta llegar a tener que cruzar la “verdadera oscuridad”, un abismo sobre el cual hay una serpiente que sirve como puente. Sólo personas que han matado no pasan por este puente. El guaraní vivía y en parte vive hoy en día todavía con la seguridad de que va a llegar a su verdadera morada después de morir.

Los Mbya tiene un juego, el Manga:  se considera, fue dado por Ñandejara (Dios) para el esparcimiento antes del ritual del Tangara. Se realiza por las tardes, en el espacio frente a la casa religiosa denominado Opy Roka; los hombres hacen una pelota de chala seca de maíz (Avatipire) para jugar al Manga. La base de la pelota tiene el tamaño de la palma de la mano. La forma de elaboración de la pelota es enseñada por los padres a sus hijos.

Alrededor de los jugadores se encuentra observando toda la Comunidad. El juego consiste en no dejar caer la pelota en el círculo, formado por alrededor de quince jugadores (cuantos más jugadores hay es más divertido). A medida que los jugadores se cansan son reemplazados por otros. Al jugador que se le cae la pelota sale del juego.

Se juega hasta el cansancio o culmina el juego cuando se inicia la danza ritual Tangara, antes de entrar a la casa religiosa Opy.

Este juego ha perdurado por generaciones, y según los ancianos de las comunidades está profundamente ligado a la espiritualidad de los Mbya guaraní, ya que no solo representa un juego de esparcimiento y ocio, sino también es una preparación para los rituales religiosos de la Comunidad.

Fuentes utilizadas:

http://pueblos-originarios-argetnina.wikispaces.com/Guaran%C3%ADes
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