Monsanto: Censura y corrupción en la ciencia

Silvia RibeiroALAI AMLATINA, 17/12/2013.- En 2012, un equipo científico liderado por
Gilles-Éric Séralini publicó un artículo mostrando que ratas de
laboratorio alimentadas con maíz transgénico de Monsanto, durante toda
su vida, desarrollaron cáncer en 60-70 por ciento (contra 20-30 por
ciento en el grupo de control), además de problemas hepato-renales y
muerte prematura. Ahora, la revista que lo publicó se retractó, en otra
muestra vergonzosa de corrupción en los ámbitos científicos, ya que las
razones esgrimidas no las aplica a estudios iguales de Monsanto. El
editor admite que el artículo de Séralini es serio y no peca de
incorrecto, pero que los resultados no son concluyentes, algo que atañe
a gran cantidad de artículos y es parte del proceso de discusión científica.

La retractación viene luego de que la revista contratara como editor
especial a Richard Goodman, un ex funcionario de Monsanto, y como
corolario de una agresiva campaña de ataque contra el trabajo de
Séralini, orquestado por las trasnacionales. El caso recuerda la
persecución que sufrió Ignacio Chapela cuando publicó en la revista
Nature que había contaminación transgénica en el maíz campesino de Oaxaca.

En otro contexto, pero sobre el mismo tema, Randy Schekman, galardonado
con el Nobel de Medicina 2013, al recibir el premio llamó a boicotear a
las publicaciones científicas “como Nature, Science y Cell”, (y podría
haber incluido a la que ahora retractó a Séralini) por el daño que le
están haciendo a la ciencia, al estar más interesados en impactos
mediáticos y ganancias que en la calidad de los artículos. Schekman
aseguró que nunca más publicará allí y llamó a publicar en revistas de
acceso abierto, con procesos transparentes. Se suma a otras denuncias
sobre la relación incestuosa de las industrias con este tipo de
revistas, para lograr la autorización de productos a través de publicar
artículos científicos.

El estudio de Séralini es muy relevante para México, porque las ratas
fueron alimentadas con maíz 603 de Monsanto, el mismo que las
trasnacionales solicitan plantar en más de millón de hectáreas en el
norte del país. Si se aprobara, este maíz entraría masivamente en la
alimentación diaria de las grandes ciudades del país, cuyas tortillerías
se abastecen principalmente en esos estados. Como México es el país
donde el consumo humano directo de maíz es el más alto del mundo y
durante toda la vida, el país se convertiría en una repetición del
experimento de Séralini, con gente en lugar de ratas, con altas
probabilidades de desarrollar cáncer en algunos años, en un lapso de
tiempo suficiente para que haya cambiad o el gobierno y las empresas
nieguen su responsabilidad, alegando que fue hace mucho y no se puede
demostrar el maíz transgénico como causa directa.

El artículo de Séralini fue publicado en la revista Food and Chemical
Toxicology, luego de una revisión de meses por otros científicos. A
horas de su publicación y en forma totalmente anticientífica (no podían
evaluar los datos con seriedad en ese tiempo) científicos allegados a la
industria biotecnológica comenzaron a repetir críticas parciales e
inexactas, curiosamente iguales, ya que provenían de un tal Centro de
Medios de Ciencia, financiado por Monsanto, Syngenta, Bayer y otras
multinacionales.

Para retractar el artículo, ahora se alega que el número de ratas del
grupo de control fue muy bajo y que las ratas Sprague-Dawley usadas en
el experimento tienen tendencia a los tumores. Omiten decir que Monsanto
usó exactam ente el mismo tipo y la misma cantidad de ratas de control en
un experimento publicado en su revista en 2004, pero sólo por 90 días,
reportando que no había problemas, logrando la aprobación del maíz
Mon603. Séralini prolongó el mismo experimento y lo amplió, durante toda
la vida de las ratas, y los problemas comenzaron a aparecer a partir del
cuarto mes. Queda claro que la revista aplica doble estándar: uno para
Monsanto y otro para los que muestran resultados críticos.

El equipo de Séralini explicó que el número de ratas usadas es estándar
en OCDE en experimentos de toxicología, pero para estudios de cáncer se
usan más. Pero su estudio no buscaba cáncer, sino posibles efectos
tóxicos, lo cual quedó ampliamente probado. El mayor número de ratas en
estudios de cáncer es para descartar falsos negativos (que haya cáncer y
no se vea), pero en este caso la presencia de tumores fue tan grande que
incluso para esa evaluación sería suficiente. Igualmente su equipo
señaló desde el inicio que se deben hacer más estudios específicos de
cáncer.

A nivel global hay varios comunicados firmados por cientos de
científicos defendiendo el estudio de Séralini, pero en México la
Cibiogem (comisión de bioseguridad) haciendo gala de su falta de
objetividad y compromiso con la salud de la población, solamente publica
el lado de la controversia que favorece a las trasnacionales, ignorando
las respuestas de numerosos científicos independientes.

Esto es más preocupante ya que el gobierno afirma que la liberación de
maíz transgénico en México se decidirá por criterios científicos. Sin
embargo, consulta solamente a científicos como Francisco Bolívar Zapata,
Luis Herrera Estrella, Peter Raven y otros que tienen conflictos de
interés por su relación con la ind ustria biotecnológica. El tema del
maíz en México excede los aspectos científicos, pero cualquier consulta
debe ser abierta y con científicos que no tengan conflictos de interés.
Por ejemplo, tomar en cuenta los documentos de la Unión de Científicos
Comprometidos con la Sociedad, apoyados por más de 3 mil científicos a
nivel mundial.

Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC – www.etcgroup.org

Fuente: http://alainet.org/active/69889

Mas informacion: http://alainet.org

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