Rescate de una semilla ancestral: el amaranto de México

El amaranto fue sembrado por numerosos pueblos de América. En nuestro país fue casi eliminado por motivos religiosos a raíz de la conquista española. Durante el período precolombino, los aztecas cultivaban el Amaranto como un alimento básico, llegando a producir hasta 20,000 toneladas por año.

El Amaranto no solamente era para el pueblo azteca una gran fuente de nutrientes, sino también era importante en diversas ceremonias. La principal consistía en elaborar figuras a manera de estatuas que simbolizaban a sus Dioses en forma humana. Estas piezas se hacían con una masa llamada Tzoalli que se lograba a partir de la mezcla de semillas tostadas y molidas de amaranto y maíz, que se integraban con miel de agave. Al final de largos ayunos y rituales en donde se salpicaban con sangre estas piezas simbólicas, el Tzoalli se compartía como “la carne de los Dioses” en una ceremonia parecida a la Comunión Sagrada de la religión Cristiana. Situación que lo hizo incompatibles para ambas creencias. Desde la perspectiva hispana, la adoración azteca a “dioses falsos” y la asociación de la sangre y el amaranto con los sacrificios humanos, hicieron que se prohibiera el consumo y el cultivo del amaranto hasta casi desaparecer. Afortunadamente su cultivo sobrevivió de manera aislada en aquellas áreas remotas en donde la imposición de los españoles se vio limitada.

Desde hace casi 50 años su cultivo va en aumento a nivel mundial. Su producción y consumo representan una oportunidad única para subsanar parte de las causas y consecuencias de la pobreza rural. Es sin duda una opción para elevar los ingresos económicos familiares pero principalmente un alimento saludable. Hay alrededor de 60 diferentes especies de Amaranto, y algunas de ellas son originarias de Mesoamérica.

En la última década Puente a la Salud Comunitaria AC ha estado promoviendo el cultivo del Amaranto como respuesta ante los retos alimentarios de la actualidad. En julio del 2013 las Naciones Unidas anunciaron que México había superado a Estados Unidos como el país “más obeso” del mundo. Causas de la epidemia de obesidad en México son en buena parte la amplia publicidad y disponibilidad de la llamada “comida rápida” y “comida chatarra”, la urbanización acelerada, la disminución de la actividad física, el limitado respaldo institucional a la agricultura tradicional familiar y la falta de una congruente educación alimentaria.

Paradójicamente muchas familias mexicanas se han mantenido en constante labor para evitar el hambre, y aun así unas 10.000 niñas y niños mueren de desnutrición cada año. Recientemente se habla incluso de la correlación de ambos fenómenos, ya que una persona que padeció desnutrición infantil es siete a ocho veces más propenso a tener sobrepeso u obesidad en su edad adulta.

Puente considera al Amaranto como un grano estratégico para un ejercicio pleno, participativo y sustentable de soberanía alimentaria. Prioriza en sus distintos proyectos las acciones solidarias, el respeto a  los derechos humanos, la preservación de los procesos agroecológicos y la toma de decisiones y responsabilidad compartida.  Sus actividades se centran en: la facilitación de redes regionales, agrupaciones colectivas y familiares, el apoyo a equipos de promotores locales, la facilitación de eventos de intercambio de conocimientos y experiencias, la aportación de medios para la producción y el consumo local de Amaranto, así como una amplio difusión de los temas relacionados con la soberanía alimentaria.

Sin duda alguna el Amaranto puede ser un cultivo asociado a la milpa con la ventaja de requerir  menos agua para completar su crecimiento, lo cual es particularmente valioso en algunas partes del Estado de Oaxaca en donde es escaso este recurso.

Tal vez el paso más difícil es motivar a los consumidores mexicanos a consumirlo cotidianamente. Para esto además de motivar la elaboración de tortillas de maíz y hoja o semilla de amaranto, Puente promueve  la innovación de productos y la incorporación de recetas con amaranto en la dieta tradicional, así por ejemplo sus hojas se pueden añadir a sopas, panes, pastas, guisados, aguas fresca y jugos.

La necesidad de diversificar la base nutricional de la población, tanto en una escala global como a nivel individual, impulsó a la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU. a llevar a cabo un amplio estudio para determinar los cultivos con mayor potencial de desarrollo y diseminación y por lo tanto con mayor impacto nutricional. El resultado del estudio realizado fue concluyente: de entre 36 de los cultivos más prometedores en el planeta, el Amaranto fue seleccionado como “el mejor alimento de origen vegetal para consumo humano”.

Fuente: Pijama Surf

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